Relato de realismo mágico en homenaje a Uslar Pietri
"El Hombre que Sembró su Pluma"
Crónica de un país donde las palabras son el último territorio libre
BIOGRAFÍA USLARIANA (CON SABOR A REALISMO MÁGICO).
Arturo Uslar Pietri nació en una Caracas de techos rojos y tranvías fantasmas, el 16 de mayo de 1906. Hijo de un alemán que luchó en Waterloo (Johann von Uslar) y una criolla de raíces independentistas (Helena Pietri), heredó una paradoja: sangre de conquistador y verbo de libertador.
En sus venas corría el mismo río épico que animó a Carlos Soublette y al general Juan Pietri, pero él eligió un arma más peligrosa: la pluma.
"Hoy, mientras influencers gritan por likes, extraño al hombre que nos hablaba como si fuéramos sus únicos cómplices en un país que ya olía a olvido."
"Hoy, mientras influencers gritan por likes, extraño al hombre que nos hablaba como si fuéramos sus únicos cómplices en un país que ya olía a olvido."
"El Hombre que Sembró su Pluma"
En San Jacinto —pueblo donde hasta las piedras recitan coplas— llegó el Dr. U. una tarde de mayo. Traía un maletín de cuero ajado lleno de semillas que, según él, eran "voces comprimidas de los que ya no tienen voz": relatos de la Guerra Económica, cantos yukpa, y hasta el último suspiro de Francisco de Miranda, que olía a cacao y pólvora.
Por las noches, el tronco susurraba versos prohibidos de Andrés Eloy Blanco, mientras la luna se reflejaba en su savia violeta, tan espesa como el ron de la hacienda Santa Teresa.
La gobernadora (cuyo título universitario era tan falso como su sonrisa) ordenó talarlo: —¡Ese árbol distrae a la gente de trabajar!.
Pero cuando el hacha golpeó la corteza, brotó un chorro de tinta que quemó las manos de los taladores como ácido. Esa noche, las raíces —convertidas en serpientes de papel— resquebrajaron los muros de la ciudad, revelando secretos escritos con sangre de los olvidados:
Aquí fusilaron a Zamora.
En este solar, una maestra enseñó a leer a niños descalzos en 1948.
Al amanecer, el Dr. U. había desaparecido. En su lugar, quedó un libro abierto cuyas páginas crecían como yerba brava. Los analfabetos, al rozarlas, sentían cosquillas en los dedos: las letras se les pegaban a la piel y por primera vez, leían su propia historia.
Dicen que cada 16 de mayo, las paredes de la Biblioteca Nacional sudan tinta violeta. Los custodios juran haber visto a Uslar —traje impecable, — corregir con pluma fantasma los libros de historia reciente. "Esto no es ficción", murmura con voz grave mientras escribe, "es semilla".
Pero hay algo que solo los yukpa saben: a medianoche, esas mismas paredes sangran mapas de tierras robadas. Y en la Sierra de Perijá, donde los ganaderos creen haber ganado, un nuevo árbol echa raíces. Sus frutos, esta vez, son cámaras de video que transmiten en directo al mundo entero.
LLAMADO A LA ACCIÓN
¿Y tú?
Planta una palabra donde otros siembran silencio.
Lee un cuento de Uslar hoy mismo (empieza por "La lluvia").
-¡Tanta falta que hace el agua! Si acabara de venir un buen aguacero, largo y bueno. ¡Santo Dios!
Comparte este relato como si fuera un pasquín clandestino.
Uslar te observa desde algún libro abierto. Y sonríe.
FIRMA:
Guillermo Silva
Desde algún rincón donde la cortina aún separa sueños de realidad.
16 de mayo de 2025





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