Economía
Martes 5 de junio de 2012 | 05:00
Los precios al productor subieron 2,6% desde el año anterior, el alza anual más débil desde marzo de 2010
Caída en inflación aumenta presiones para que el Banco Central Europeo baje las tasas
La institución se reúne mañana, en medio de los llamados a que adopte un rol más activo en el manejo de la crisis, pese a la oposición de Alemania.
Por Isabel Ramos Jeldres
Mañana se reúne el Banco Central Europeo, en medio de un creciente debate sobre su rol en la crisis de deuda soberana. Ayer se conoció que los precios al productor de la zona se desaceleraron en abril por séptimo mes consecutivo, lo que deja espacio para que el BCE comience a inyectar estímulo, aunque eso no ocurriría este mes.
Los precios al productor subieron 2,6% desde el año anterior, el alza anual más débil desde marzo de 2010, después de avanzar un revisado 3,5% en marzo, informó la oficina de estadísticas de la Unión Europea.
Este dato da espacio de maniobra para que el banco central baje la tasa de interés, para impulsar una economía que sigue empeorando. El mismo día se dará a conocer la cifra de Producto Interno Bruto del primer trimestre para la eurozona y se espera un crecimiento nulo.
Cada vez son más los economistas que esperan una modificación en los próximos meses, con Newedge Strategy dando una posibilidad de 60% para que los tipos sean recortados en un cuarto de punto porcentual en este misma reunión.
“Una menor inflación, indicadores de confianza colapsando y datos monetarios débiles han ilustrado una vez más el nefasto estado de la economía de la zona euro”, aseguró ING en una nota a clientes. Pese a ello, el BCE “esperará al menos un mes más”, aclaró. La mayoría de los analistas espera que el BCE se pronuncie en la próxima reunión, después de que se realice la elección parlamentaria, el 17 de junio, en Grecia, que decidirán si el país permanece o no en la zona euro.
Nuevo rol del BCE
En las últimas semanas han habido crecientes llamados de autoridades y economistas para que el BCE juegue un rol más activo en la crisis de deuda. El primer ministro italiano Mario Monti y el jefe de gobierno español, Mariano Rajoy, están pidiendo que la institución se preocupe no sólo de inyectar liquidez, sino que de estabilizar el mercado financiero. Para ello, ambos abogan por que el BCE compre bonos de los países endeudados, de modo de bajar los diferenciales de los bonos soberanos, lo que ya hizo el año pasado.
Sin embargo, esos llamados enfrentan una dura oposición de Alemania, que posee tres puestos en el consejo de gobernadores del BCE (ver infografía). El consejo se compone de una junta ejecutiva de seis miembros y de los presidentes de los bancos centrales de los 17 países que usan el euro. La junta incluye al presidente, el italiano Mario Draghi; al vicepresidente, el portugués Vítor Constâncio; dos alemanes y un francés. Hasta el 31 de mayo, la junta se completaba con un español, pero ese puesto se mantiene vacante.
Draghi ha mantenido la puerta abierta a brindar un mayor apoyo a los bancos de la región, pero ha insistido en que los gobiernos nacionales deben ser quienes enfrenten los problemas económicos y fiscales. “¿Puede el BCE llenar el vacío de falta de acción de los gobiernos nacionales en el crecimiento fiscal? La respuesta es no”, dijo en una audiencia en el parlamento europeo a fines de mayo.
Los presidentes de los bancos centrales de Austria y Estonia se han alineado con el ala más dura encabezada por Alemania y han declarado que no es responsabilidad del BCE rescatar a los bancos, sino que de los gobiernos nacionales, los que pueden acudir al Mecanismo de Estabilidad Europea. Sin embargo, al coordinar los rescates de la banca a través de los gobiernos, las autoridades deben aceptar planes de austeridad impuestos desde afuera, y se dispara la prima de riesgo y los costos de endeudamiento, poniendo aún mayor presión sobre las economías.
Hasta ahora, el BCE ha sido activo. El año pasado revirtió las alzas de tasas para bajar los costos de los préstamos nuevamente a un mínimo histórico de 1% (como en la crisis financiera de 2008), y se embarcó en un programa de compras indirectas de bonos de los países endeudados.
Entre diciembre y febrero, además, inyectó más de 1 billón (millón de millones) de euros (US$ 1,25 billón) en el sistema bancario a través de las llamadas operaciones de refinanciamiento a largo plazo, para revertir la contracción del crédito en la zona euro.

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